24 de maig 2018

Bon cop de falç

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Jamás he cantado ningún himno. Ni tan solo el del Rayo Vallecano. Una vez me llevé una reprimenda pública por ello. Trabajé en una escuela que disponía de himno (aunque escaseaba de personal docente y de buena armonía) y tres veces a lo largo del curso bajaron los niños al patio, los dispusieron en formación y les hicieron cantar el himno de marras. La primera vez medio perdonaron mi mutismo selectivo porqué era nuevo en el centro. Pero en las ocasiones siguientes ya no: una de las autoridades del colegio me amonestó.

Cuando era jovencito, tras la muerte de Franco y en los albores de la democracia con sus reivindicaciones, asistí a muchos actos que terminaban con el canto de "Els Segadors". No conseguí aprendérmelo. Y, además, me parece una canción trasnochada, belicosa, con una melodía que deja mucho que desear. Recuerdo que miraba a mi alrededor y me fascinaba el ardor que veía en los ojos, el gesto solemne y trascendente, la rigidez, el enrojecimiento de la cara y el ensanchamiento de las venas del cuello. No pude comprender porqué generaba tanta emoción aquella letra más bien zafia y brutota, tan poco civilizada, tan ruralista, acompañada por una música repetitiva y cansina.

Con el paso de los años descubrí que "Els Segadors" tiene su origen en una canción tavernera cuyo tema es erótico (lo llamo "erótico" por pudor). No hay que ser muy avispado: donde ahora se canta "bon cop de falç" antes se decía "bon cop de...". El asunto es curioso pero no extraño: al fin y al cabo, de la testosterona excitada al patriotismo hay pocos centímetros y todo el mundo sabe que la patria y el patriarcado comparten raíz etimológica. (Si el asunto le interesa a alguien, es fácil encontrar información sobre el origen de "Els Segadors" a través de Mr. Google).

A lo largo de la vida uno se da cuenta de que las letras de los himnos, del país que sea, son malas y ridículas, y que sueltan tal cantidad de sandeces que parece imposible su pervivencia. Yo, por mi talante ingenuo, pensaba hasta hace poco que los himnos estaban en decadencia. Tengo mis motivos para la hipótesis, pero ahora no los voy a exponer. Más que nada porqué la hipótesis se ha demostrado incorrecta.

En Cataluña se habla a menudo del himno: de quien lo canta y quien no, y se sueltan barbaridades a propósito de eso, y se insulta, y se apela a grandes emociones e incluso a obligaciones de carácter sagrado. También se habla del himno español, ya que hay miles de personas dispuestas a viajar para reunirse y pagar cientos de euros para acceder a un campo de fútbol con la determinación firme de silbar el himno del "enemigo". Fascinante. Yo pensaba que "Braveheart" era una peli muy mala de Mel Gibson y resulta que es la peli preferida de muchos de mis congéneres.

El otro día leí que el señor Torra cree que los españoles sufrimos una fractura en la cadena del ADN. ¡Toma! Igual eso explica el déficit de concentración que me impide aprender himnos. A ver si, al final, lo que yo consideraba una opción consciente solo es una discapacidad mental...

Casi no pasa día en que no lea algo sobre himnos. Lo último es la pretensión de ponerle letra al himno de España, sin poner en valor lo bien que está sin letra, todo lo que se ahorran. Leí que el señor Albert Rivera anda empeñado en la letra del himno y, si yo pudiera, le diría: ¡Albert! ¡No lo hagas, por lo que más quieras!.

Creo que es mala idea combatir a un himno con otro. Cuanto más se cante uno, más se cantará el otro. Si lo que pretende Rivera es rebajar el nacionalismo agresivo catalán, que no se le ocurra azuzar el nacionalismo español, porqué nos la vamos a pegar nosotros. Los que, como yo, no cantamos himnos: creo que seremos los primeros en recibir, y quizás por duplicado. Es decir, por ambos lados, en ambas mejillas, como cristianos ejemplares. Ni canto himnos ni soy cristiano, y por eso le temo tanto a ser mártir de causas que me importan un bledo.

Puestos a buscar canciones que agraden a todo el mundo y que apelen a un sentimiento de fraternidad o por lo menos a cualquier sentimiento bueno, yo me inclinaría por buscar entre las canciones de Joan Manuel Serrat, que es un clásico inmortal. Y, además, Serrat no ofende a nadie y encima tiene melodías magníficas. El otro día repasé el "álbum" dedicado a Antonio Machado y encontré varias piezas a tener en consideración. Pero... ¡ay! cuando me disponía a escribir a mis autoridades con esa sugerencia, me acordé de que el independentismo furibundo considera que Machado forma parte de la horda de colonizadores, y le acusan de españolista y proponen borrar su nombre del callejero catalán. ¡Vaya!

Tanto pensar en el himno y total para nada. Por eso estoy tan harto y tan aburrido con el nacionalismo: porqué solo sirve para perder el tiempo, enfadarse y terminar recibiendo palos. Esos son los beneficios de la dieta nacionalista. Me voy a cantar un Virolai y luego me acuesto.


22 de maig 2018

El sexo de los ángeles catalanes

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Uno de los problemas que tenemos los catalanes vivos en 2018 es que Terenci Moix ya no está. Pero más allá de la nostalgia, eso se puede expresar con otras palabras: estamos huérfanos de intelectuales que nos ayuden a leer y a comprender el pan nuestro de cada día. Quizás es por ese vacío de intelectualidad que, a día de hoy, constan como intelectuales petimetres tales como Bernat de Déu, Empar Moliner o Pilar Rahola. Hay articulistas que se refieren al señor Torra como a "un intelectual". A falta de pan, buenas son tortas.

Terenci Moix tiene una novela, "El sexe dels àngels", reescrita en 1992 pero escrita por primera vez mucho antes, que contiene páginas maravillosas en las cuales, casi como por un milagro, se describe a la Cataluña de siempre. A la Cataluña de hoy. En una de ellas, su protagonista (un joven autor iconoclasta que triunfa en la literatura catalana), discute con un representante de la cultureta, un individuo siniestro que pertenece a la cúpula de Òrgan Cultural (léase Òmnium Cultural). El diálogo es soberbio, impagable. El joven autor le recrimina al nacionalista catalán que pongan tan difícil ser catalán por los muchos requisitos que se exigen con tal de obtener tan elevado título.

El joven autor se queja de que, en Cataluña, debamos aceptar que cualquier cosa es algo más que cualquier cosa por el mero hecho de ser una cosa catalana: el Barça es más que un club de fútbol, la Moreneta es más que una virgen, Montserrat más que una montaña y Banca Catalana más que un banco.

El drama catalán es, entre otras cosas, que esa supremacía de las cosas catalanas ha ido engordando su nómina: Rodoreda es más que una escritora y Pedrolo, también. El pueblo es más que un pueblo. Una urna es más que una urna, aunque se la hayan comprado de oferta en la China. Tv3 es más que un canal de televisión autonómico. La escuela catalana es más que una escuela (aunque las autoridades catalanas la hayan sumido en la miseria). Mossèn Ballarín es más que un cura retrógrado, Puigdemont más que un expresidente, Pujol mucho más que un expoliador, la CUP más que una asamblea de niños bien, Guardiola más que un entrenador. Y la butifarra amb seques más que un plato indigesto. Hay muchos más casos, pero vamos a dejarlo aquí para no aburrir a los unos y enervar a los otros, que ya están bastante enervados.

En el sentido opuesto, Pla es más que un traidor, Marsé más que un renegado, Iceta más que un botifler, Boadella más que un maldito, l'Hospitalet de Llobregat más que un error, Montilla más que un charnego desagradecido, Cornellá más que una pandilla de colonizadores.

Se echa de menos a los intelectuales que ya no están. No me refiero con eso a personas como Lluís Llach, que ya no están -y tampoco son intelectuales. [Pero por cierto... ¿donde está Llach?] Me refiero a personas cuyo pensamiento y cuya escritura nos ayudaron, pero que están en el otro lado del espejo. Es imposible saber qué cosas dirían hoy, cuando nadie relevante nos ilustra y ni tan solo nos acompaña. La biología nos ha dejado huérfanos ante el "procés", ese runrún tedioso e interminable que nos acongoja y nos asusta porqué amenaza la convivencia pacífica entre las personas.

Creo que va llegando la hora de rebajar el tono. Cataluña (sea una comunidad autónoma, una región o una república) no es más que nada. Ni los catalanes más que nadie. Sus habitantes solo somos ciudadanos bastante perplejos, la mayoría pobres y algunos ricos. Hace siglos que la cultura catalana no destaca en ningún campo de las ciencias ni de las artes. Solo está Messi, que no es catalán si no argentino, el que chuta una pelota. Los catalanes deberíamos preguntarnos a qué nos ha llevado querer "fer país" en vez de querer hacer cultura, arte, cine o ciencia. Hacer país en vez de hacer arte, cultura o ciencia nos ha llevado a la irrelevancia más escandalosa de los últimos siglos. De tanto hacer país solo hemos hecho el ridículo.

En Cataluña hay un montón de pobres. De gentes que pasan hambre. De personas que sufren, que están en las interminables listas de espera de la sanidad pública. Hay emigrantes que se largan a buscarse el pan a otros países. Hay hambre y pobreza. Y hay quienes acusan a los que que pasan hambre y viven en la pobreza de tener un sentimiento catalanista demasiado escaso. Es decir: hay cínicos. Y cobardes. Y racistas. Los falangistas de los años 40 distinguían a la población entre afectos al régimen, tibios y desafectos. Los nacionalistas catalanes distinguen entre "los nuestros", los "españolistas o traidores", y los equidistantes. Cielo, infierno y purgatorio: no nos olvidemos del fondo ultracatólico agazapado tras el nacionalismo.

Creo que la labor de un intelectual catalán, en 2018, sería la de abordar el asunto desde una perspectiva nueva, pero que en realidad ya estaba escrita. No somos más que nadie ni mejores que nadie. Incluso podríamos ser peores que la media. Debemos remontar ese mal momento. De lo contrario, nos veremos pronto en la nada. De no corregir ese error, los catalanes del futuro van a leer que existió una Cataluña ridícula al lado del relato de Liliput debido a Jonathan Swift, en viejos textos de fantasías medio grotescas, medio metafóricas.

Creo que nos merecemos algo menos malo. Y espero que estemos a tiempo. Por la parte que me afecta, y porqué deseo una convivencia mejor.


20 de maig 2018

Carta a la señora Carolina Miró



Señora,

Hace un par de días leí un reportaje sobre usted que se publicó en La Vanguardia. Me decidió a escribirle el descubrimiento de que es usted maestra de primaria, como yo. Pensé: de maestra a maestro casi seguro que podemos hablar y, quien lo sabe, quizás llegamos a entendernos. Por lo que tenemos en común, aunque solo sea la profesión a la que nos dedicamos. Esa es mi esperanza.

Debo pedir perdón por algo: parte de lo que le cuento se lo diría a su marido, pero me temo que él andará demasiado ocupado como para dedicarle cuatro minutos a leer la carta de un maestro de primaria catalán que no es independentista. Usted, por la influencia que debe tener sobre el señor Torra, quizás le pueda transmitir alguna de mis inquietudes, si le parece oportuno. Espero no haber incurrido, con esa estrategia mía, en una falta de respeto hacia la cuestión del género.

Lo que quiero exponerle es la preocupación que siento hacia ciertas ideas del señor Torra. Debo precisar eso: no me preocupa lo que piensa, si no que alguien que piensa como él sea el presidente de una comunidad autónoma tan diversa, tan plural y tan compleja.

Como usted es maestra de primaria, entenderá lo que le cuento: los maestros de primaria no solo nos ocupamos de los conocimientos que deben adquirir nuestro alumnos, si no también (y a veces pesa mucho más que lo anterior) de las cuestiones de la convivencia, el respeto hacia el diferente, la inclusión, la cohesión social, la tolerancia y el diálogo, que son la base sobre la que sustenta el andamio educativo. Usted lo sabe tan bien o mejor que yo: sin un clima de paz, de buen entendimiento y de respeto es imposible dar una clase de matemáticas. O de catalán, o de castellano, o de plástica. Esa construcción tan delicada y tan frágil que llamamos "sociedad" solo funciona cuando nos tratamos bien entre todos, cuando nos respetamos y cuando nos consideramos iguales.

Debo contarle algo: aparte de maestro de primaria, soy muy lector de todo tipo de textos. Incluso he publicado algunas cosas en papel. Esta faceta mía me llevó, hace algunos pocos años, a comprar (y a leer) varios libros de la editorial A Contra Vent, que dirigía su marido el señor Torra. Algunos de los títulos de aquella editorial figuran entre mis lecturas favoritas de los ultimos años. El libro de Francisco Madrid, por ejemplo, el de Domènec de Bellmunt o el de Josep Maria Plana. La verdad sea dicha: A Contra Vent publicó un buen número de textos relevantes, recuperados de ese olvido, tan catalán como cruel, que soslaya a grandes autores.

Por entonces, deduje que el señor Torra era persona cultivada y sensible, y por eso me sorprendió y me decepcionó tanto saber lo que he sabido ahora a través de los artículos y los "tuits" que escribió, de los que se infiere que el señor Torra no cree en que todos seamos iguales, o que existen diferencias profundas e insalvables entre los que nacieron en un rincón del planeta o en otro. Me gustaría contarle algo. Mis dos apellidos son catalanes, pero yo me siento catalán y español, y en esa doble identidad no percibo conflicto alguno. Al contrario: estoy satisfecho de pertenecer a la cultura de Ruyra y a la de Delibes, a la de Marsé y a la de Rodoreda, a la de Ana María Matute y a la de Pla, a la de Moncada y a la de Chirbes, la de Casamitjana y la de Casavella, a la de Espriu y a la de Sastre. Por no hablar de la enorme lista de grandísimos autores latinoamericanos, que amo y siento muy próximos. A mi me explicaron mejor Cataluña Juan Marsé y Antonio Soler (que es malagueño) que Rodoreda o Porcel, aunque todos ellos me aportaron algo, sin duda alguna.

Creo que el buen gobernante es el que procura lo mejor para la mayoría. Y la mayoría prefiere, antes que nada, antes que muchas otras cosas, la convivencia en paz entre los diferentes. Eso también sirve para los maestros de primaria ¿no lo cree usted? Todos queremos vivir en paz con los demás. Nadie quiere vivir en Sarajevo.

Gracias al reportaje que sobre usted publicó La Vanguardia, leí que es usted maestra de una escuela cuyos alumnos son de nivel socioeconómico alto o muy alto. Yo trabajo en un centro escolar cuyos alumnos son de clase baja o muy baja. Pero, sin embargo, estoy convencido de que transmitimos valores muy parecidos cuando no idénticos. Porqué el mundo es una pequeña bola de roca que gira enloquecida en la frialdad vacía del espacio sideral y eso es lo que tenemos, ese breve lapso de tiempo incierto y compartido encima de esa esfera. Y el mundo no es más de unos que de otros. En realidad, el mundo no es de nadie ni existen legitimidades de ninguna clase, aquí. Nada bueno saldría de buscar conflictos o enfrentamientos, disputas territoriales o legitimidades trasnochadas, ni hablar de destinos patrios en este siglo XXI.

Para despedirme (no quisiera robarle más tiempo) le contaré algo que me dijo un padre de la escuela en donde trabajo, en la que deposito muchas horas, mucha energía vital y mucha dedicación. Este padre es un señor que emigró des de Marruecos a Cataluña con un objetivo principal: darles a sus hijos una buena educación, en Europa, para ofrecerles un futuro mejor. Para ello abandonó su tierra y sus parientes y se instaló en un barrio marginal, pobre, sucio, dejado de la mano de Dios. Su viaje es una renuncia, generosa, en favor de sus descendientes. Este hombre me dijo:
-Lo importante es tener un techo. Y luego, comida. Después vendrá lo demás.

Su techo se cae a pedazos y la comida escasea tanto que, muchos días, sus hijos no comen tres veces y lo que comen es muy insuficiente. Ese hombre vive en Cataluña, y sus hijos nacieron aquí, son tan catalanes como usted, como yo. Es para ellos para quienes trabajamos usted, yo, y su marido. Nosotros trabajamos para su bien y nunca jamás es del revés.

Por la presente, le invito, si a usted le parece bien y le apetece, a visitar este barrio y esta escuela. Estaría encantado de acompañarla en esta visita. Se que usted sacará muchas conclusiones interesantes de una visita que no le llevará demasiado tiempo. Y confío de veras en que usted, que es una de las personas más próximas al señor Torra le contará a él lo que ha visto y lo que ha sentido.

Como dijo el señor Rousseau, los príncipes, aunque lo sean de un país pequeño, son más pequeños que el país. Por eso, tanto príncipes como maestros tenemos la obligación de trabajar todo lo posible y para todos, para compensar nuestra terrible pequeñez. Los príncipes y los maestros debemos ser ejemplares en nuestro quehacer y en las ideas que expresamos, porqué nos debemos a los demás, que es nuestra forma de decirles a los ciudadanos que les valoramos y les respetamos. A todos por igual. Piensen lo que piensen, sean del origen que sea. Ya que ellos confían en nosotros.

De los impuestos que pagan, muchas veces con esfuerzo desigual e inversamente proporcional a sus ingresos, salen nuestros salarios.

Atentamente, un maestro de escuela de barrio pobre.

17 de maig 2018

La tevetrestorra

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El tiempo que llevo sin ver Tv3 ya se cuenta por años. Decidí no sintonizarla nunca más hace algo más de dos, cuando la deriva sectaria se agudizó hasta límites insospechados, insoportables. Tardé en tomar mi decisión: en parte, porqué me resulta difícil soslayar cualquier forma de información y en parte porqué creo poco inteligente tomar decisiones en negativo. Pero todo tiene su límite. Y, además, en esos asuntos me comporto como dicen que se comportaba la caballería rusa en tiempos de la primera guerra: tardaban un montón en subirse al caballo pero una vez montados no había quien les detuviera. Pues eso: se terminó Tv3 en casa. (La verdad: teniendo Filmin ¿quién quiere tv3?).

Vuelvo a los "límites insoportables" que he nombrado, porqué creo que debo explicarlo mejor. A mi no me molesta que un canal de televisión tome partido por una opción política. Me parece legítimo y genuino. Lo que no creo que debamos soportar es que ese canal, pagado con los impuestos de todos, decida actuar como el órgano de propaganda de una sola opción. Que ni tan solo es mayoritaria. Aquí hay algo muy grave que está fallando. Si se trata de un canal público, la opción ya no es legítima.

No se trata de la "pluralidad" escandalosamente ausente de sus debates, en los que por cada tres independentistas hay un soberanista y, a veces, un equidistante. Se trata de todo: del tono de los informativos, de los reportajes. Incluso la publicidad del canal ha tomado un cariz casposo, que huele a sociedad tan secreta como cutre, a "tu ya me entiendes porqué eres de los nuestros".

Se trata del respeto por el dinero público, por el sentido de lo público. Lo que es de todos. De todos los que pagamos impuestos: altos, bajos, feos, guapos, rubios y morenos, de origen semítico o ario, de expresión catalana, castellana, árabe, urdu, wolof o rusa, expoliadores y expoliados, con accidente en la cadena de ADN o con una impecable herencia racial impoluta. Lo que se mantiene con el dinero de todos no puede ir dirigido a una parte, y con una voluntad seriamente excluyente. En este sentido, yo no se de qué se escandalizan quienes se escandalizan de los tuits del nuevo MHP, cuando esas ideas llevan años surcando los meandros de la Tv3, a veces por la superficie de las aguas y, otras, por lo subacuático.

Hace un tiempo, al principio de tomar la decisión de borrar la Tv3 de mi lista de canales, se me ocurrió escribir en Facebook que quizás se podría promover una campaña para hacer objeción fiscal a Tv3, y negarnos a pagar la parte de nuestros impuestos que se destinan a mantener la cadena. Me riñeron enseguida, y yo enseguida suspendí mi proyecto. Cuando lo recuerdo, me sonrío: quienes me riñeron eran personas próximas (incluso muy próximas) al PSC. Su argumento, que escuché y acepté enseguida, era este: es muy delicado o incluso peligroso decidir para qué pagamos impuestos y para qué no, ya que eso, si uno lo piensa bien, podría desembocar en objeciones fiscales tremebundas. Imagínense ustedes que la clase alta decide no pagar la parte de los impuestos que se destinan a la sanidad o la educación públicas: eso sería el desastre, y el principio del fin del estado democrático.

De forma que: acepto que con mis impuestos se mantenga un canal de tv. Pero que sea pública, por favor. Suplico que sea pública. Que se sienten a hablar de ello esos que reclaman "diálogo con España" pero que, a su vez, han extinguido el diálogo con Cataluña. Lo que tenemos aquí no es un conflicto entre catalanes y españoles: es un problema entre catalanes y catalanes.

Lo digo hoy, día de la investidura del nuevo MHP, y antes de que el ambiente en Cataluña se caldee todavía más, ya que el MHP parece un caldeador visceral (¡jamás he deseado tanto equivocarme y jamás he temido tanto estar acertando!). Por favor: hablen. Y que la Tv3 retransmita el diálogo.

10 de maig 2018

La Republiqueta d'en Quim

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Por el título de este texto, uno podría pensar que voy a reseñar la taverna de vinos y tapas de algún pueblo, posiblemente gerundense. Pues no (aunque la cosa si va de pueblos). La foto escogida para ilustrar el texto es una prolongación de la broma. Porqué la cosa va de bromas. Bromas catalanas, eso si. Gracias a la Cadena Ser, me he enterado de que Carlos el Legítimo acaba de designar, con su legítimo dedo, al nuevo presidente de la región catalana. Lo ha hecho por tuit y des de Berlín, creo, que es la ciudad por donde El Legítimo da tumbos a día de hoy. ¡Viva la república del pueblo feliz!

Carlos dice que el nuevo presidente de la cosa debe ser Quim Torra. Número once (sí, ¡11!) de su lista "Juntos por Cataluña". Me informo sobre QT y descubro un curriculum discreto en el que se destaca que es "muy independentista". No se si habrá cursado algún Máster en Independentisto, digo yo, eso no lo pone. Faltaría apuntar que es "muy buena persona", por ejemplo, para redondear el currículo de Torra. Mientras leía en la red sobre la biografía de Torra, su nombre me iba dando vueltas por la cabecita: ese nombre... ese nombre ¿de qué me suena? Al fin me acuerdo.

Sucedió hace unos pocos días. Era fin de semana y por la noche. Sonó el teléfono. Aunque era un número desconocido, respondí. Des del otro lado surgió una voz, más bien suave aunque insidiosa. ¡Ya está! pensé yo: ¡he vuelto a caer en el truco de Jazztel! Pero no. La señora pregunta por mi, con nombre y apellido. O sea: dispone de mis datos. Me presenta una oferta muy buena: una suscripción a bajo precio a la "Revista de Cataluña", publicación muy interesante, me dice, que trata de las cosas catalanas y de la cultura de dicho país. Para dorar la píldora, añade que la revista la dirige el señor Quim Torra, quien, como debo saber, es diputado del Parlamento regional. Llegados a este punto le respondo que no me interesa para nada su oferta, y le añado que, como Torra es de un partido que no me gusta, tampoco quiero saber nada de su panfleto. Entonces me espeta algo más bien desagradable y corta la comunicación con brusquedad, mostrando su enfado. Su repentina desconexión sin mediar palabra (ni tan siquiera el saludo protocolario de la educación) me dice: "no eres de los nuestros, así que... ¡Que te den!".

Bueno, pues ya lo tienen ustedes: el próximo presidente de la cosa catalana vende revistas por teléfono, por las noches. Igual no le llega con el sueldo de diputado, digo. Últimamente, los activistas por la independencia andan pidiendo dinerito por todas partes. Hay que mantener a sus "exiliados" con dignidad y en chalecitos monos, hay que hacer frente a minutas de abogados carísimos y hay que comprar muchos metros de cinta amarilla.

Sigo leyendo el CV del señor Torra y descubro que su experiencia en el sector público es nula. Como gestor (llamémosle gestor, o pulpo como animal de compañía) ha presidido interinamente esa cosa, el Òmnium Cultural (lo que el añorado Terenci Moix llamaba el "Òrgan Cultural"), durante unos meses de vacío de presidencia. Hay que revisar la historia del Òmnium (quién, cuando y como lo fundó) para comprender que Rajoy verá con buenos ojos a Torra. Bueno, el asunto es que este es El Elegido, elegido a dedo por El Legítimo. Me huelo que el mayor valor de Torra es su probada obediencia ciega a El Legítimo, y ahí lo tienen. Ahora será El Investido. O El Ungido. Parece que el destino de Torra es terco: lo suyo es desempeñar presidencias interinas.
-Presídeme un rato la Generalitat -le habrá ordenado El Legítimo- mientras yo acabo de arreglar mis líos. Y no se te olvide que no puedes usar el despacho presidencial, ya que eso sería blasfemia. Y desobediencia, que es algo muy feo. Acúerdate de Gabriel, que por desobedecer un poco tuvo que exiliarse a Suiza.
(El Legítimo se muerde la lengua antes de soltar algo que le corroe: "Y sobretodo no hagas como yo y no le encuentres gustillo a presidir Cataluña).
-A tus órdenes, Gran Legítimo -le habrá respondido Torra, con la frente perlada por un sudor tan frío como patriótico.

Viendo como se va construyendo la republiqueta, en ausencia completa de los valores que uno entiende por valores republicanos, me temo que no vamos a ganar para disgustos. Menos mal que me he afiliado a Filmin y tengo un montón de pelis buenas por ver.